La industria del videojuego está llena de historias de desarrollos complicados, pero pocas tan tortuosas como la de Dead Island 2. Tras más de una década de cancelaciones, cambios de estudio y rumores de muerte del proyecto, finalmente llegó a nuestras consolas en abril de 2023. Como alguien que vivió la fiebre del primer Dead Island en 2011, puedo decir que este regreso es agridulce: técnicamente impresionante pero narrativamente vacío.

Un Los Ángeles infectado que deslumbra

Visualmente, Dead Island 2 es todo lo que esperábamos de una producción moderna. Los desarrolladores de Dambuster Studios han creado una versión de Los Ángeles que rezuma estilo californiano incluso en pleno apocalipsis zombi. Desde las mansiones de Beverly Hills hasta los parques temáticos de Venice Beach, cada ubicación está cargada de detalles que hacen del mundo un personaje más.

El sistema de gore FLESH (Fully Locational Evisceration System for Humanoids) es, sin duda, la estrella del espectáculo. Cada golpe se siente visceral y satisfactorio, con desmembramientos que responden de manera realista a donde y cómo golpeas. Ver cómo un bate de béisbol destroza gradualmente un cráneo zombi nunca deja de ser grotescamente satisfactorio.

En PS5, el juego aprovecha las capacidades técnicas de la consola de manera notable. Los tiempos de carga son prácticamente inexistentes gracias al SSD, y el feedback háptico del DualSense añade una dimensión extra a cada combate. Sentir la resistencia al atravesar hueso con un machete o la vibración sutil cuando un zombi se acerca sigilosamente por detrás eleva la inmersión considerablemente.

Combate visceral pero limitado

El sistema de combate es donde Dead Island 2 muestra tanto sus fortalezas como sus debilidades más evidentes. Por un lado, la variedad de armas es impresionante: desde simples martillos hasta katanas eléctricas, cada herramienta de destrucción se siente única. El sistema de modificaciones permite personalizar las armas de maneras creativas, añadiendo elementos como fuego, electricidad o veneno.

Sin embargo, después de las primeras horas, el combate se vuelve repetitivo. Los tipos de enemigos son limitados, y aunque cada uno requiere estrategias ligeramente diferentes, la fórmula básica de golpear hasta que todo esté muerto se mantiene constante. Los jefes, aunque visualmente impactantes, no ofrecen suficiente variedad mecánica para justificar su presencia.

La progresión del personaje, basada en un sistema de cartas de habilidades, es interesante en teoría pero limitada en la práctica. Aunque puedes especializar tu build hacia diferentes estilos de juego, las diferencias no son lo suficientemente marcadas como para cambiar fundamentalmente la experiencia.

Una historia que no convence

Quizás el aspecto más decepcionante de Dead Island 2 es su narrativa. Mientras que el primer juego tenía una premisa simple pero efectiva, esta secuela se pierde en un intento de ser más ambiciosa de lo que sus herramientas narrativas permiten. Los seis protagonistas seleccionables tienen personalidades marcadas, pero sus arcos de desarrollo son superficiales y predecibles.

La historia principal sobre una conspiración gubernamental y la búsqueda de una cura se siente genérica y poco inspirada. Los diálogos intentan ser ingeniosos pero a menudo caen en el territorio del cringe, especialmente cuando tratan de abordar temas serios como la supervivencia y la moralidad en tiempos de crisis.

Las misiones secundarias, aunque más numerosas que en su predecesor, sufren del mismo problema de falta de variedad. La mayoría se reduce a "ve al punto A, mata zombis, recoge objeto, regresa". Algunas tienen momentos memorables, especialmente las que juegan con referencias a la cultura pop de Los Ángeles, pero no son suficientes para elevar el conjunto.

Cooperativo: donde brilla la experiencia

Donde Dead Island 2 realmente encuentra su ritmo es en el modo cooperativo. Hasta tres jugadores pueden unirse a la carnicería, y la experiencia mejora exponentially cuando se juega con amigos. La coordinación necesaria para enfrentar hordas masivas de zombis, el intercambio de recursos y la posibilidad de revivir compañeros caídos crea momentos de tensión genuina.

El sistema de drop-in/drop-out funciona perfectamente en PS5, permitiendo que los jugadores se unan o abandonen sin interrumpir el flujo de la partida. La sincronización de progreso también está bien implementada, asegurando que todos los participantes mantengan su desarrollo individual.

Veredicto final

Dead Island 2 es un juego que cumple con las expectativas mínimas pero no las supera. Tras una década de desarrollo, esperábamos algo más revolucionario, más ambicioso. En cambio, recibimos un producto competente pero seguro que no arriesga lo suficiente para destacar en un mercado saturado de experiencias zombi.

Para los fanáticos del gore y la acción sin pretensiones, Dead Island 2 ofrece suficiente entretenimiento, especialmente en modo cooperativo. Sin embargo, aquellos que busquen una experiencia narrativa profunda o innovación en el gameplay quedarán decepcionados. Es un juego que se siente más como un producto de 2013 pulido para 2023 que como una verdadera evolución de la fórmula.