Llevo semanas dandole vueltas a Rise of the Ronin, y todavia no logro decidir si estoy frente a una joya mal pulida o a un proyecto que simplemente se le fue de las manos a Team Ninja. Lo cierto es que despues de tantas horas recorriendo el Japon de finales del periodo Edo, tengo sentimientos encontrados que pocas veces me pasan con un juego, y eso, para bien o para mal, ya dice algo.

Un mundo abierto que promete mucho pero cumple a medias

Team Ninja siempre ha sido sinonimo de combate quirurgico y niveles cerrados disenados con precision milimetrica. Nioh y su secuela son ejemplos perfectos de eso. Por eso resultaba tan interesante verlos aventurarse por primera vez en un mundo abierto de verdad, con las tres regiones principales que forman el escenario de la restauracion Meiji. El problema es que se nota, y mucho, que este no es su terreno natural.

Las ciudades estan bien recreadas, con cierto encanto en los detalles arquitectonicos y una ambientacion historica que a los aficionados al periodo nos engancha de inmediato. Pero en cuanto uno se aleja de los nucleos urbanos, el mapa se vuelve un festival de iconos repetitivos: torres que escalar, campamentos que limpiar, coleccionables que recoger. Nada que no hayamos visto ya cien veces en otros titulos del genero, y aqui sin la chispa que le daria una direccion de arte mas atrevida o un diseno de misiones secundarias mas inspirado.

El combate, alma y salvacion del juego

Ahora bien, hablemos de lo que si funciona, porque cuando Rise of the Ronin brilla, lo hace con luz propia. El sistema de combate combina las tres armas principales -katana, espada larga y arma de asta, entre otras- con un sistema de contraataques llamado Counterspark que exige lectura de patrones y reflejos quirurgicos. Cuando conectas un parry perfecto contra un enemigo de elite, la sensacion de satisfaccion es identica a la que Team Ninja ya nos regalo en sus juegos anteriores.

Ademas, el sistema de vinculos con companeros historicos y ficticios anade una capa interesante: puedes llamarlos en combate para que te asistan, y su relacion contigo evoluciona segun tus decisiones. Es un anadido que aporta variedad tactica sin llegar a ser revolucionario, pero se agradece en las peleas mas duras contra jefes, que siguen siendo el punto fuerte indiscutible del estudio.

El arbol de habilidades es generoso, quizas demasiado, y permite construir estilos de juego muy distintos entre si. Un jugador puede optar por la velocidad y los golpes quirurgicos, mientras otro prefiere la robustez defensiva y los contragolpes. Esa flexibilidad es uno de los mayores aciertos del titulo.

Una narrativa que no sabe que quiere contar

Aqui es donde el juego pierde fuelle de forma mas evidente. La premisa -un ronin sin identidad fija que puede alinearse con distintas facciones historicas durante la turbulenta era Bakumatsu- tenia un potencial narrativo enorme. Sin embargo, la ejecucion se siente atropellada. Los personajes historicos aparecen y desaparecen sin el desarrollo que merecerian, los dialogos caen constantemente en la exposicion plana, y las decisiones morales que se supone deben definir tu camino terminan sintiendose cosmeticas mas que estructurales.

Hay momentos puntuales, sobre todo en las misiones principales de la region de Yokohama, donde la narrativa levanta cabeza y ofrece giros interesantes. Pero son islas de calidad en un mar de mediocridad narrativa que no logra sostener el interes durante las cuarenta y tantas horas que exige completar la campana principal.

Apartado tecnico: la sombra de las prisas

No puedo dejar pasar el rendimiento tecnico sin ser honesto: Rise of the Ronin tiene problemas. El modo rendimiento mantiene los 60 cuadros con cierta estabilidad, pero a costa de una resolucion que se nota borrosa en escenas con mucho follaje o particulas. El modo calidad, por su parte, sacrifica fluidez para ganar nitidez, y en un juego de combate tan dependiente de los reflejos, eso puede jugarte en contra en los enfrentamientos mas exigentes.

Tambien hay caidas de framerate notables durante las secuencias con multiples enemigos en pantalla, y algunos bugs de colision que, aunque no rompen la experiencia, si recuerdan que este es un juego que probablemente necesitaba unos meses mas de pulido antes de salir al mercado.

Veredicto final

Rise of the Ronin es un juego que admiro por su ambicion y que disfrute a ratos genuinamente, sobre todo en su sistema de combate, que sigue siendo de lo mejor que ofrece el genero action RPG en consola. Pero tambien es un juego que me frustro por sus decisiones narrativas erraticas, su mundo abierto generico y un pulido tecnico que se queda corto para los estandares que esperamos de una produccion de este calibre en PS5.

No es un mal juego, ni mucho menos. Es un juego con una identidad dividida, como su propio protagonista sin nombre fijo, que nunca termina de decidir que clase de experiencia quiere ofrecerte. Los fans de Team Ninja y del combate tactico encontraran aqui horas de diversion genuina. Los que buscaban el proximo gran mundo abierto samurai tendran que seguir esperando.